Borges

•marzo 23, 2008 • Dejar un comentario

“Qué época rara aquélla. Había dioses o las personas se creían dioses. Están crucificando a unos hombres; uno le dice a otro que es un dios; el otro le cree; el primero le dice que esa noche estarán juntos en el cielo. Y, te das cuenta, la burla. La inscripción: Rey de los judíos. Y los soldados jugando a los dados. Y el que lo traiciona es el que le da el beso. Todo eso escrito en unas pocas líneas –uno escribiría páginas y páginas– y allí están, los mejores detalles circunstanciales, la historia más extraordinaria, contada al pasar. ¿Y qué me decís de las últimas palabras? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” En ese momento comprendió que no era dios ni nada: un hombre muriéndose. Y esas palabras las registran quienes quieren probarnos que era un dios. Todo es rarísimo.”

Jorge Luis Borges (citado por Adolfo Bioy Casares en “Borges”, pags. 196-7)

Nota: agrega Bioy, de manera inmediata y quizás para salvar la memoria de su amigo de la hoguera de los inquisidores que seguramente se le echarían encima ante semejante comentario sin tener conocimiento del sentido del humor que el ciego genial solía exponer de manera tan mordaz y a veces cruel, lo siguiente: “Alguna vez Borges me dijo: ‘Si uno compara la Biblia con los otros libros hebreos puede llegar a creer que fue escrita por el Espíritu Santo. Es el único libro inspirado.'”)

-M-

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Ingrid

•marzo 3, 2008 • 2 comentarios
– 

De la selva cómplice, cautiva
regresarás con vida
para olvidar sin olvido a los que olvidan
que no se puede ser héroe y asesino.

Mariano

 

Betancourt.info

 

Bob Dylan en México – Like a Mexican Stone

•febrero 26, 2008 • 2 comentarios

Qué esperar de alguien que lo ha inventado todo? Cuáles pueden ser las expectativas acumuladas durante treinta años -piedras que ruedan más o menos- de espera y que motivaron a quien suscribe a nombrar con el apellido artístico del mito, al menor de sus hijos?

La cita está prevista para dentro de unas tres horas. De hecho, esto lo escribo para hacer algo con mi callada ansiedad, en lo que me alisto para salir hacia el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

Voy a ver a Bob Dylan. El mismo que reinventó la música popular (no populachera) junto a Los Beatles, hace más de cuarenta años. Más aún, el que le mostró a Los Beatles lo que tenían que hacer, al punto que John Lennon le robó todo, absolutamente todo, cuando compuso e interpretó la obra maestra de “Help”, “You’ve Got To Hide Your Love Away”. El que cautivó a George Harrison, al extremo de convertirse en el único gurú occidental que el místico beatle tuvo en toda su vida, y que le regresó el favor, como buen alumno, al ficharlo como parte fundamental de los gloriosos y ya también legendarios Traveling Wilburys, allá, en el poniente de los ’80.

Voy a ver un concierto que no me despierta expectativas. Aclaro: Dylan, en su interés perenne de desmitificar lo indesmitificable (él mismo), cambia, a veces hasta lo irreconocible, sus propias canciones. Las ha llegado a destrozar. No interactúa con la gente. No habla. Ni siquiera sus músicos saben cuál será la siguiente canción que al jefe se le ocurrirá interpretar. Hace lo que quiere. Literalmente. Seguramente sus mejores versiones, en vivo y en estudio, ya han sido tocadas y registradas y forman parte de los cien discos, oficiales y piratas, que tengo en mi iPod y en mi vida. Pero de la misma forma en que no fui hace quince años a ver a Paul McCartney como quien va a ver a un músico sino a un símbolo, a una historia, a una leyenda, a un conjunto de rastros traducidos en canciones que durante dos horas me llevaron de regreso a mi pasado, a mis lugares y seres queridos y perdidos, a mis viejos y no tan viejos ideales y utopías… así mismo veré esta noche al viejo Bob.

No sé qué voy a buscar, no sé qué voy a encontrar. Tampoco me interesa. Porque esto se asemeja más a un acto litúrgico, a una peregrinación, que a un rato de entretenimiento. Voy a saldar una deuda conmigo y con mi vida. Como los que peregrinan a Graceland para rendir tributo a Elvis en su tumba, porque saben que Elvis fue más que Elvis (altamente recomendable la canción de Paul Simon, “Graceland” para entender esto). De esa misma forma, uno -yo- va a ver a Bob Dylan. Sospechando y sabiendo que muy posiblemente será la primera y útima. Y porque a alguien que ha hecho tanto por uno -yo- a lo largo de décadas, lo menos que se le puede decir es “gracias”. Y a lo mejor voy por eso. Y por eso no me importa lo que vaya a pasar arriba del escenario. Tengo toda la música de Bob Dylan. Toda. Incluyendo conciertos legendarios. A lo único que voy es a verlo, a convencerme de que el mito es humano, que cuarenta y siete años de leyenda son reales, que la persona que inspiró a millones de seres humanos cabe detrás de una guitarra como la mía. Y a decirle “hola”, “adios” y “gracias”. Nada menos, nada más. Sin más que juzgar, sin más nada que analizar ni preguntar. Porque todas las respuestas están, desde hace mucho tiempo, soplando en el viento.

( mañana, la crónica del concierto, que en todo caso, será lo menos importante del asunto).

Mariano

Foto: El Papa Juan Pablo II saludando a su Jefe (1997)

Dígale NO a la piratería…

•diciembre 14, 2007 • Dejar un comentario

… concretamente, a la piratería de las disqueras que se apropian del talento y del criterio para decidir prácticas de mercadeo completamente arbitrarias y estúpidas, como la de editar conciertos en DVD por la mitad, reservándose las canciones que se quedan afuera a su antojo y albedrío. Y prometiendo “ediciones especiales”, obviamente mucho más caras, que por todo “bonus”, obsequian las canciones faltantes, como si nos estuvieran haciendo un favor, y que para colmo, a dos semanas de la fecha prometida de edición, no aparecen por ningún lado. Me refiero en este caso concreto, al lanzamiento de una de las producciones en directo más esperada del año (junto con la de los Héroes del Silencio, que oh casualidad, va a ser mercadeada de la misma forma): “Dos Pájaros de un Tiro”, del binomio indestructible, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina. Presas de un valemadrismo que ya se hizo costumbre, Sony / BMG, las dos disqueras más importantes del mundo (no se podrán levantar cargos por asociación ilícita o cuando menos, inmoral?) anunciaron con bombos y platillos la edición de ese monumento musical para el 4 de diciembre. Parece que en Argentina y España cumplieron (si alguno bloggernauta pudiera en un coment confirmarme o desmentirme, lo agradeceré mucho), pero en México tuvieron que pasar diez días para que la edición “barata” apareciera. Y de la “especial”, nadie sabe nada, porque ni siquiera son capaces de informar a las tiendas, que obviamente cargan con el peso de responder a los impacientes clientes. Claro, no tener en fecha un dvd o un disco no supone o debería suponer una crisis para nadie, pero ofende el irrespeto de siempre con el que se manejan. Sobre todo cuando se toman el atrevimiento de calificar desde una plataforma ética de dudosa congruencia, los antivalores éticos de la piratería. Y dejan un ligero tufo a “avivada” cuando nos hacen suponer que quieren vender el paquete doble, porque obviamente compré la barata, y más obviamente compraré la caja cuando aparezca. Y sonreirán felices, porque sí, me habrán jodido. Y no se vale. Seguir leyendo ‘Dígale NO a la piratería…’

Fiesta

•noviembre 1, 2007 • 2 comentarios

Era de noche y era sábado. Como debe de ser. Porque ese es el día y el momento de la fiesta, que arriba en mi pueblo nunca llega, por lo que hubo que trasladarse hasta el Paseo de la Reforma, arteria principal de la urbe más grande del mundo –dicen-. Y así, sorteando el tráfico, o uniéndonos a él –por aquello de que si no puedes con tu enemigo… – llegamos Laura y yo al Auditorio Nacional de la ciudad de México. El ambiente no podía ser mejor. La expectativa de los miles que esperábamos entrar era evidente. Y es que, como en una especie de deja-vu al revés, saboreábamos de antemano los momentos por venir, de tal forma que en esa explanada enorme convivíamos nobles y villanos, prohombres y gusanos, listos para asistir a una misa colectiva en donde Dios y el Diablo convivirían por un rato, para librarnos de todo mal y de todo bien, hasta que el corazón aguantara.

Serrat y Sabina. Sabina y Serrat. El orden de los factores no altera el producto. Y el producto, en este caso, no necesitaba más garantía que la intención, la memoria, el estado de ser pertinente y voluntarioso para someterse al ritual de tanta magia, de tanto oficio, de tanta música pasada y presente.

A las ocho y cuarto los gigantes ocuparon el escenario, que puntualmente se pobló de lilas, rosas y amarillos y la fiesta comenzó. Canciones imbatibles, legendarias, repletas de una esencia tan difícil de encontrar hoy en la estúpida lírica FM, como entrañables para la memoria de quienes, como yo, vamos pisando los cuarenta y traemos en el alma el soundtrack inevitable de la música de Sabina y de Serrat. Y, claro, ahí estaban los dos pájaros arropando esas viejas y no tan viejas canciones, con la colaboración de una banda ajustada a la ocasión, y liderada por otra leyenda: el maestro Ricard Miralles, brazo musical armado de Serrat desde las épocas de gloria de los sesenta y setentas, forjador también él de su propia leyenda. Y en el otro rincón, el leal escudero histórico de Joaquín, Antonio García de Diego. Faltó Pancho Varona, tercer pilar de la estructura Sabina, y que se tuvo que bajar de la gira, aparentemente por motivos de salud.

Y así la fiesta marchaba, entre música de gloria y diálogos imperdibles (que no quemaré por respeto a aquellos que tengan previsto verlos o disfrutar del DVD conmemorativo de la gira que saldrá en breve). Humor y reflexiones, inteligencia y experiencia, madurez y sensibilidad. Y por sobre todo, un monumental “background” de talento y de calidad –y calidez- interpretativa que acabaron haciendo de este, “mi” concierto. Y aclaro que he estado en unas cuantas docenas a lo largo de mi melómana vida. Pero definitivamente, pongo éste junto al de otro de mis referentes mayores, Eric Clapton, en una noche lluviosa de primavera en Buenos Aires, allá por el año 1990.

Pero por si todo esto fuera poco, antes de poner en coma a mi ya de por sí conmovido corazón, previo a entonar una versión maravillosa de “Contigo”, el tándem anunció (y le dedicó el concierto) a Gabriel García Márquez, presente en el Auditorio junto a su esposa Mercedes, a escasos treinta metros de donde nosotros estábamos. Y fue el acabose. Diez mil personas ovacionando al Gabo, y mi sensación de gloria personal al estar en un mismo recinto, a no nomás de cincuenta metros en total de Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina y Gabriel García Márquez, a conciencia que aquello era –es- demasiado regalo para este feligrés de esa música y esas letras asesinas con que estos tres héroes de mi vida han ido empapelando mi alma desde estas casi cuatro décadas que llevo dando batalla en este universo tan falto de Macondos. Y sabiendo que nadie me quitará el honor de contarle a mis hijos, a mis nietos, y a todo el que se me cruce que sí, que esa noche yo estuve ahí y que por un buen rato fui muy, pero muy feliz.

Todo lo que siguió fue un bonus track larguísimo, que completó dos horas y medias de magia, de alegría, de nostalgia. La última media hora fue con todo el Auditorio Nacional de pie, respetando el protocolo que indica que los himnos se deben escuchar así: Penélope, Lucía, Fiesta, Y Nos Dieron Las Diez (puntualmente a las diez), La Del Pirata Cojo, Para La Libertad (“… y aún tengo la vida…), Cantares…

¿Qué más se podía pedir?

Y como dieron las diez, casi… casi dieron las once. Faltaban quince minutos cuando volvió el pobre a su pobreza, el rico a su pobreza y el señor cura a sus misas… para que se bajara el imaginario telón y se acabara la fiesta. Todo estaba dicho, todo había sido cantado. El aplauso final fue un larguísimo “Gracias” que fue tan sincero como insuficiente, porque ese 27 de octubre –sábado y noche, como debe ser- los pájaros le tiraron a las escopetas y nos dejaron un disparo de vida y emociones injertado para siempre en el corazón…

 

Mariano

Bono… ¿Caballero “Jedi” o simple “Sota de Bastos”?

•abril 2, 2007 • 3 comentarios

“I can’t believe the news today…” (*)

Yo me pregunto… ¿con que cara pisará un escenario Bono a partir de ahora para cantar “Sunday Bloody Sunday” luego de haber sido nombrado “Caballero del Imperio Británico” y por lo tanto, soldado honorario y siervo -en todo el sentido de la palabra, incluso el menos feliz que se nos venga a la mente- de la mismísima Reina que mando reprimir y masacrar a más de una docena de sus connacionales irlandeses en aquella espantosa tarde del ’72 en Derry, Irlanda del Norte? Y por supuesto y por si hubiera hecho falta, esta patética distinción termina de responder a aquellos que se preguntan por ahí el por qué Bono jamás se manifestó abierta y enérgicamente contra la guerra en Irak. La respuesta, ahora más que nunca, es obvia: simple y sencillamente se trataba de hacer buena letra para ganarse su estrellita “jedi” en la frente, lo cual incluye –of cors- no ofender al que las reparte, incluido el tío Sam -de la mano del más idiota de sus sobrinos, inquilino titular de la Casa Blanca, hijo y cómplice del mentor del ahora fustigado Bin Laden y del ahorcado Hussein-. Porque Bono no solamente no condenó ninguna intervención militar de los Estados Unidos en toda parte del globo donde las hubo -para no hablar de las intervenciones políticas y económicas, más sutiles, pero igualmente devastadoras-. No. No solamente miró para otro lado, sino que fue a comer con el buen George a su mismísima guarida, ¡y hasta le regaló un iPod! -eso si, repleto de canciones de los Beatles, buen punto… lastima por la memoria de John Lennon, que jamás se hubiera sentado a esa mesa y además, le hubiera escupido la cara como hizo con Nixon -mentor de los Bush y satrapa mayor de la década del ’70- a través de discos, conciertos y manifestaciones, lo que le costo años de persecución; igual que cuando regresó la condecoración y también nombramiento de Miembro del Imperio Británico que la misma Reina -¡la misma, por Dios, esa señora nos va a enterrar a todos!- le confirió a Los Beatles por bien portados -antes que se desmadraran y le mentaran la ídem a medio mundo, incluyendo a la propia Realeza y a algunos de sus más celebres súbditos, como el prócer Sir Walter Raleigh-. Seguir leyendo ‘Bono… ¿Caballero “Jedi” o simple “Sota de Bastos”?’

100X40 – Homenaje a Gabriel García Márquez

•marzo 26, 2007 • 2 comentarios

 

Discurso de Gabriel García Márquez pronunciado este lunes 26 de marzo en el acto de homenaje con que se inauguró el IV Congreso de la Lengua Española y en ocasión de la edición conmemorativa de los cuarenta años de publicación de “Cien Años de Soledad”.

”Ni en el más delirante de mis sueños en los días en que escribía ‘Cien años de soledad’ llegué a imaginar en asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal parecería a todas luces una locura. Hoy las academias de la lengua lo hacen con un gesto hacia una novela que ha pasado ante los ojos de cincuenta veces un millón de lectores y ante un artesano insomne como yo, que no sale de su sorpresa por todo lo que le ha sucedido pero no se trata de un reconocimiento a un escritor. Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana, y por lo tanto un millón de ejemplares de ‘Cien años de soledad’ no son un millón de homenajes a un escritor que hoy recibe sonrojado el primer libro de este tiraje descomunal. Es la demostración de que hay lectores en lengua castellana hambrientos de este alimento. Seguir leyendo ‘100X40 – Homenaje a Gabriel García Márquez’