Manifiesto

Yo sí voy a ver el Mundial. Lo digo quizás sin gloria, pero también sin pena. Y si el trabajo me lo permite, pienso ver todos los partidos, incluso los más inauditos, aquellos que despiertan la más sincera y dolida solidaridad con el sufrido balón de turno, ya sea por lo mal que lo tratan o por la indiferencia con que lo evitan. Y si hago esta declaración a escasas horas de iniciarse este megamontaje de la FIFA, es porque estoy harto de los pesudointelectuales que se rasgan las vestiduras en nombre del sentido común y de las buenas costumbres y salen a tratar poco menos que de orates o idiotas a todos aquellos que disfrutamos sobria o etílicamente (cada quien su gusto, o mejor, su pedo) de esos 30 días del deporte que más nos gusta, vamos, que nos apasiona. Ni soy un idiota, ni me manipula Televisa (o Fox Sport o póngale el lector el nombre de la cadena que guste), ni el gobierno va a aprovechar mi larga menstruación futbolera para hacer las cochinadas de turno y verme la cara con algún impuesto nuevo o con la gasolina más cara. En todo caso, me la seguirá viendo como siempre, ni más ni menos. No me voy a alienar, ni voy a dejar de leer los seis periódicos que leo por día (tres de Argentina, tres de México), ni voy a postergar mis dos o tres libros semanales, ni voy a dejar de escribir ni armar mis cursos, platicas, conferencias, ensayos y todo lo que -mucho o poco- habitualmente hago. No voy a dejar de comer, de bañarme, de jugar con mi bebé ni de atender mis responsabilidades maritales. A fin de cuentas, la mayoría, sino todas las cuestiones que enumeré se pueden llevar a cabo en la periferia del televisor (todavía no resuelvo lo del baño, pero sigo trabajando en el asunto). Pero el punto es que, sí, voy a ver el Mundial. Y no voy a dejar de ser quien soy, para bien o para mal. Me gusta, lo disfruto, sobre todo desde que nuestros pobres clubes (países) no pueden  retener a sus mejores jugadores, forjados a cielo abierto en potreros miserables, repletos de promesa de gloria, muchas veces cumplida. Desde que esa realidad nos niega el chance de ver a nuestros héroes en nuestras canchas, quedándonos apenas los despojos lastímeros de pobres prospectos de ídolos que pasean su triste figura por estadios desolados, digo, desde entonces ya se ha vuelto imposible ver un partido de una liga local, sin añorar lo que alguna vez vimos en directo y bien vivo: la magia de los grandes, de los más grandes, desafiando la gravedad y la física sin físicos esculturales entallados en Versace, puliendo una pelota en el aire con un taco o una cabeza, con una bicicleta o una rabona, sin miedo a despeinarse. De aquello, que hoy sólo vive en la nostalgia, están vacías nuestras canchas y nuestras retinas. Por eso es que voy a ver el Mundial, con el corazón de hincha que reposa cuatro años envuelto en la camiseta de River que Laura me regaló, para recordarme que la patria pudo haber quedado atrás, pero el barrio no.
A los que hayan entendido algo de todo lo que escribí y compartan algo de este divague, buen provecho! Al resto, no se tomen la vida tan en serio, no somos imbéciles, nadie nos manipula ni nos lava el cerebro, las conspiraciones peligrosas son mucho más grandes y sutiles que un campeonato de futbol y no me descuido de ellas. Lo único que me sacan Televisa y la FIFA es mi mensualidad del cable, y no tienen que mentirme para que se las pague. Lo hago con gusto y conciencia. La Coca Cola la compro hace años y la canción de Shakira, aunque sea un chicle, la bajé de internet. Y con Mundial o sin Mundial la gasolina va a subir igual.
No voy a resignar ni una sola neurona para que me brote el corazón. Ya lo viví antes y sé que no es necesario. Que no pasa nada. En este mes festejaré más cosas que de costumbre y me haré malasangre más que de costumbre. En el balance voy a quedar tablas… ¿y? Pero al menos no voy a dejar que el aburrimiento que hace estragos por la vida de unos cuantos que se escandalizan por ver a 22 millonarios corriendo detrás de una pelota se haga cargo de mi vida. Me voy a quedar afónico tres o cuatro veces, voy a reir unas cuantas, y de alegría o de rabia voy a llorar algunas más, algunas menos. Nada que necesite de un Mundial para manifestarse, claro, me empacho de esas cosas toda vez que quiero, pero nada que tenga que prescindir de nada también para expresarse, para expresarme. El día que me deje de apasionar por pequeñas cosas como estas será porque también las cosas grandes me vienen valiendo madres.
El tema, lo que quiero decir es, vamos a empezar a buscar excusar para pasarla un rato bien, sin ser irresponsables de nada, sin hacer la vista gorda de nada, sin sospecharnos cómplices de nada, en suma, sin culpas de ningún tipo. Dentro de un mes todo va a seguir igual, por eso sería bueno que nos pase algo distinto un rato, aunque no sirva para nada servirá para algo. El día que haya que buscar excusas para pasarla bien, le habremos ahorrado mucho trabajo al gobierno y a todas las conspiraciones juntas, porque nos habremos jodido solos…
Feliz Mundial y que gane el mejor…

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~ por Mariano en junio 11, 2010.

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