Forty

Si veinte años no es nada, cuarenta es algo así como una nada al cuadrado. Y si no al cuadrado, al menos por dos. Pero viéndolo de otro modo, bien podría significar la mitad de una vida (si uno piensa que por los arrabales de los ochenta andan personajes tan entrañables y respetables como un García Márquez, un José Saramago, un B.B. King). Aunque no es menos cierto que también cuarenta marcó el punto de llegada de algún John Lennon, a quien por cierto le fue mejor que a Elvis, que se quedó en la antesala. El caso es que jamás celebro mis cumpleaños. Nunca le encontré motivo a tan insignificante efemérides, pero el número impone. 40. Quiero encontrarle algún simbolismo que seguramente no tiene, pero el cero impone, es como un nivel superior en el videojuego de siete vidas sin game over que vengo perpetrando desde que mi madre se deshizo de mi después de nueve meses (casualmente hace cuarenta años también). Y en esta, mi última tarde al frente de mis treinta y nueve, me acerco al abismo de una inminente quinta década (porque contra lo que todos piensan, el 40 no es un comienzo, sino un fin… las cuatro décadas ya las viví, ya las viviste, estamos?) y da como cierta cosa atreverse a imaginar lo que vendrá. No miedo, entiéndase. Cosa. Eso. Cosa. Como sea, agradezco enormemente la deferencia de mi gran amigo (algún día contaré cómo nos conocimos) Bob Dylan, que como pagana forma de celebración del onomástico de quien considera unos de sus mejores amigos y críticos (ah qué caray como me cuesta delegar en la oscuridad del teclado mi natural modestia), decidió lanzar su nuevo disco este 7 de octubre. Hubiera estado mejor que me lo regalara y me evitara la pena de bajarlo de internet, pero así es Bob. Genial, imprevisible, distraído, al punto que si le preguntas por mí es capaz de salir con que no me conoce. 40. Ni más ni menos. Ni mejor ni peor. Ni aquí ni allá. Ni chicha ni limonada. Apenas 40 y ya 40. Cómo se pasa la vida. Y no sólo la mía. A veces me gustaría volver, pero no sé de dónde. Y eso es un requisito inapelable: tener un lugar, un tiempo, un loquesea de donde volver. Y luego, volver a qué, si nada más queda (como dice la canción). 40. Acabar con la inercia del treinta y… que fue parte del soundtrack verbal de mis presentaciones cada que me preguntaron la edad durante estos últimos diez años y al que sólo le tenía que ajustar el último dígito cada doce meses. Pero no el número entero, no jodas. Debo muchas gracias y mil perdones. Ha quedado mucha gente en el camino, mucha más de la que duele, mucha menos de la que hubiera querido. Como hubo y hay gente que llegó y que no nos quiere cambiar (como dice otra canción). A esa gente, también gracias. Soledad no rima con cuarenta. Nunca rimó con nada. Gracias porque por ellos (y por ella), lo que sigue valdrá la o las penas. Nos vemos a los 80.

Mariano

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~ por Mariano en octubre 6, 2008.

Una respuesta to “Forty”

  1. NO hagas caso a ese cuatro Mariano, lo mejor está por venir. Yo en días tendré dos cuatros . Realmente cumplir es un privilegio. ¿ A que te está probando bien ? Un beso y felicidades con mucho retraso

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